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1 de abril de 2015

SIGLO XIX: GÉNESIS DE LAS SOCIEDADES DE AYUDA MUTUA.

ETAPA Cuarta. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
OBRA: MEMORIAS Y FUTURO DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


Los historiadores colombianos –como la totalidad de los estamentos colombianos-  no le han prestado atención alguna a las llamadas sociedades de ayuda mutua, las cuales como hemos visto en capítulos precedentes se han venido clasificando un poco arbitrariamente como la continuación de las cofradías coloniales, de los gremios de artesanos y en algunos casos se  ubica su inicio en las Sociedades Democráticos que hemos estudiado recientemente.

Si damos un vistazo a lo ocurrido en el Siglo XIX con estas organizaciones, si han sido percibidas en relación estrecha con la labor de los artesanos y su activa participación en la política de esas calendas, ya en los albores del Siglo XX se las articula en el rol de auspiciadoras de los primeros sindicatos, vinculándolas con las primeras huelgas o levantamientos de los obreros, estos son aspectos muy generales de poca importancia en textos o estudios, es decir no hay prácticamente ningún estudio serio acerca de las propias particularidades de las organizaciones conocidas en esta etapa como de ayuda mutua.

En ese trasegar, en la búsqueda de información he encontrado un documento, que dentro de las limitaciones mencionadas tiene alguna información documentada en estatutos de las pocas entidades encontradas por la autora, me refiero a Beatriz Castro C. y su estudio denominado LAS SOCIEDADES DE AYUDA MUTUA EN COLOMBIA[1]. En este trabajo recogemos algunos acápites de dicha obra con los respectivos comentarios y opiniones personales como corresponde al ensayo.

Una cita esperanzadora nos la da la obra citada: “Los líderes de las primeras sociedades esperaban que las sociedades de ayuda mutua fueran exitosas en Colombia y sus primeros miembros confiaban que se fundarían muchas sociedades en diferentes ciudades de Colombia” (CASTRO 2001

Quienes aseveran que los principios mutualistas llegaron a Colombia de la mano de los misioneros españoles en la época de la Colonia al parecer están especulando sin sustento de fondo, veamos por qué. Estos misioneros, frailes o curas de la época influyeron como se ha visto en capítulos anteriores en las Cofradías, entre los artesanos y en las Sociedades Democráticas  de derecha que crearon  en contraposición de las que tenían los ideales de los socialistas utópicos. Aún más, cómo podrían influir si estamos corroborando que las organizaciones de ayuda mutua tienen su origen en el año 1864 y desarrollan su primera etapa hasta finales del Siglo XIX. 

Desde tal punto de vista las organizaciones de ayuda mutua tienen en primera instancia la influencia de las ideas de los artesanos –impregnados de las ideas del socialismo utópico- y juegan en sus posiciones políticas, económicas y sociales como lo asegura el profesor RUEDA Santos Rigoberto:[2] “Las sociedades de ayuda mutua, muy importantes después de 1870 y de las que destaca su importancia como vehículo de expresión política de los artesanos. Dado que los fundadores de estas sociedades fueron normalmente los dueños de taller o los artesanos más “exitosos”, los artesanos no propietarios se deslizaban a un estatus de semiproletarios y terminaron encontrando otras vías de expresión política.

Dos tópicos importantes tiene esta aseveración, de un lado es relevante la fecha de 1870 lo que nos da la posibilidad de deducir que en realidad la Sociedad de Caridad si es la primera asociación de ayuda mutua que se creó en Colombia, por cuanto su fecha de creación en 1864 la sitúa como la única que ya entraba en juego el político mencionado por David Sowell en la reseña de Rueda y en segundo término interesante el de los artesanos propietarios y los no propietarios y el cómo se fueron deslindando cada uno de conformidad con su extracción de clase. Lo anterior contradice o diferencia en cierta forma el postulado de la creación de la Sociedad de Socorros Mutuos conformada por propietarios y no propietarios en la intención de unir los ricos y los pobres como se ve mas adelante.

Ahora sí, veamos la influencia de la Iglesia Católica, la cual se pude ver con diamantina claridad en el juramento que realizaban todos los que ingresaban a una sociedad de ayuda mutua, como el mejor testimonio para desglosar de allí las variables de influencia religiosa y otros aspectos de igual o mayor importancia para nuestro propósito de mostrar la realidad de los orígenes del mutualismo colombiano. Veamos su contenido:

“Juro por Dios (prometo por mi honor) hacer todo esfuerzo que esté a mi alcance por el bien de todos y cada uno de mis compañeros; protegerlos en las enfermedades y en la prisión; proporcionarles trabajo con preferencia a cualquier otro en igualdad de circunstancias; defender su reputación en todo caso, y no perjudicar a ningún miembro de su familia. Asimismo prometo observar y sostener las disposiciones de estos  estatutos y cumplir fiel y exactamente con los deberes de mi cargo”[3] (CASTRO 2001)

Desde esta perspectiva, tenemos en primer lugar los principios religiosos, al realizar este juramento por Dios, lo cual se afianza cuando se afirma que: “Los reglamentos de las dos primeras sociedades de ayuda mutua que mencionamos eran similares. Las dos le dedicaron su organización a Dios, como creador y legislador del universo y como el ser supremo de todas las cosas” (CASTRO 2001) Se puede ver la real importancia que se daba a la religión católica en la creación de estas organizaciones que vale la pena también hacer una aclaración en lo que respecta al nombre: Sociedades de ayuda mutua o socorros mutuos sin mencionar por aquella época el nombre por el cual se les conoció años después y en la actualidad: mutuarias y mutualistas con una mayor énfasis en lo religioso grabado perennemente en sus nombres de santos y santas de la Iglesia Católica.

Ahora bien, el juramento está orientado a la protección de los asociados en caso de enfermedad y prisión. Afianzando así una parte importante de la ayuda mutua en condiciones de calamidad, complementándose con la defensa de la reputación de la entidad y el compromiso de no perjudicar a nadie, es decir, un compromiso ético y con valores desde la ayuda mutua.

Aquí conviene detenerse un momento a fin de analizar, lo que en mi entender es lo más importante y lo más revelador y relevante del juramento “…proporcionarles trabajo (a los compañeros) con preferencia a cualquier otro en igualdad de circunstancias…” aquí tenemos el principio económico que da la importancia a estas organizaciones y que en el Siglo XX fue totalmente desdibujado de manera flagrante, de manera particular de los años 60 en adelante.

¿Cómo se ejecutaba este principio económico? Recordemos que los artesanos que inicialmente crearon mutuales eran propietarios de negocios, ya de zapatería, de carpintería etc. Estos artesanos generaban trabajo para los asociados de la entidad que no eran propietarios mostrando así que si se podía ejercer la ayuda mutua en un terreno más humando que divino.

Lo anterior también evidencia que los principios de Proudhon, padre del mutualismo no se conocían o no se incluían en los estatutos de estas primeras organizaciones, tales principios bien se habrían podido establecer desde la perspectiva del trueque o canje propuesto por Proudhon. Sin embargo no se puede desconocer la importante iniciativa de generar trabajo desde sus asociados para sus asociados.

Podríamos afirmar entonces que las ideas mutualistas se difundieron en principio hacia lo social (trabajo) en paralelo con lo religioso (juramento), siendo así que, de un lado originaron el nacimiento de las asociaciones de ayuda mutua orientadas al trabajo, a la caridad y de otro se  convirtieron en entidades enterradoras en busca del buen morir y el entierro digno para sus asociados.


CONTINÚA: Cuál fue la primera Asociación de Ayuda Mutua en Colombia
¿ASOCIACIÓN DE CARIDAD O ASOCIACIÓN DE SOCORROS MUTUOS?



[1] CASTRO C. Beatriz Tesis doctoral "Chnrity and Poor Relief in a Context of Poverty: Colombia, 1870 - 1930 presentada por la autora a la Facultad de Historia Moderna de la Universidad de Oxford en el invierno de 200l.
[2] RUEDA Santos, Rigoberto. Reseña: "Artesanos y política en Bogotá" de Sowell, David Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, núm. 33, 2006, pp. 423-429 Universidad Nacional de Colombia Bogotá, Colombia 2006.
[3] Estatutos de la Sociedad de Socorros Mutuos de Bogotá, (Bogotá, 1890) y Estatutos de la Sociedad de Caridad, (Bogotá, 1894).

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24 de marzo de 2015

Prólogo de LAS SOCIEDADES DE AYUDA MUTUA EN COLOMBIA

ETAPA Cuarta. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
OBRA: MEMORIAS Y FUTURO DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


Algunos autores –en Europa- entre ellos Daunton  han dedicado algún tiempo al estudio de las asociaciones mutuales caracterizándolas como entidades que han sido estigmatizadas prejuiciosamente por los historiadores de la política social al desdeñarlas con el argumento de lo distantes que se encuentran estas asociaciones de lo se conoció en Europa como el Estado de Bienestar, no mencionan la diferencia entre Asociación Mutual y Mutua de Seguros que en el fondo si son entidades estas últimas que han contribuido al Estado de Bienestar en el campo de la salud y los seguros.

Ahora, si miramos a lo que dicen algunos historiadores de la clase obrera, estos las estigmatizan como portadoras de “valores burgueses” reviviendo viejas consejas ya superadas en los albores del mutualismo cuando Marx las descalificaba con el argumento de que los anarquistas no enfocaban su acción hacia la clase trabajadora, -la eterna discusión de las izquierdas- y en ese orden han enmarcado las mutuales como “sociedades de trabajadores aristocráticos”

Otros historiadores se orientan a ver estas entidades como la continuidad de los viejos gremios artesanales y aseguran que no debe buscarse más en los orígenes de la formación de las clases sociales en el Siglo XIX. Duro argumento que bien vale la pena desagregar.

“La continuidad de los gremios artesanales” En muchos aspectos podríamos estar de acuerdo; continuidad en el estilo de trabajo en la cultura de los pobres, desde la participación en lo cívico y hasta en un cierto grado de solidaridad, sin embargo sería vituperar la realidad si lo viéramos tan simplemente y talvez será mejor decir que las asociaciones mutuales, en algunos países del mundo, han desarrollado algunas de las formas con las cuales actuaban los gremios artesanales.

Afirmaré ahora que lo inaceptable es decir que no se debe buscar los valores del mutualismo en los albores de creación de las clases sociales del Siglo XIX, pues como hemos visto con anterioridad y seguramente volveremos sobre el tema, es allí en tales calendas donde Kropotkin y Proudhon, verdaderos iniciadores –padres del mutualismo- ubican toda la carga histórica del mutualismo, de sus valores y principios. Llegando incluso a ubicar al mutualismo como el germen de organizaciones de mucho más desarrollo posterior como las cooperativas y de mucho más arraigo entre los trabajadores como los sindicatos.

Terminemos esta introducción al tema del origen de la mutuales en Colombia diciendo con Daunton, en su obra citada que las asociaciones mutuales o sociedades de ayuda mutua requieren de mucha atención y que los historiadores están en mora de entender su importancia y no seguir considerándolas como organizaciones de bajo nivel reducidas a modelos semejantes en apariencia y no como entidades de verdadero apoyo mutuo entre las personas para para aportar alternativas inequívocas a una sociedad como la actual inmersa en el “todo vale” y sin principios éticos como los ya descritos en la ayuda mutua desde sus orígenes.

Los historiadores colombianos -mutualistas no existen- no le han prestado atención alguna a las llamadas sociedades de ayuda mutua, las cuales como hemos visto en capítulos precedentes y como acabamos de ver -en Europa también- se han venido clasificando un poco arbitrariamente como la continuación de las cofradías coloniales, de los gremios de artesanos y en algunos casos se trata de ubicar su inicio en las Sociedades Democráticos que hemos presentado recientemente, en esta obra.
Tampoco es prudente desconocer sus arraigos, si retomamos un poco lo dicho, en el Siglo XIX estas organizaciones han sido percibidas en relación estrecha con la labor de los artesanos y su activa participación en la política de esas calendas, -su mayor aporte- ya en el Siglo XX se las encaja en el rol de auspiciadoras de los primeros sindicatos, vinculándolas con las primeras huelgas o levantamientos de los obreros, estos son aspectos muy generales de poca importancia en textos o estudios, es decir no hay prácticamente ningún estudio serio acerca de las propias particularidades de las organizaciones conocidas en esta etapas como de ayuda mutua.

En ese trasegar en búsqueda de información he encontrado un documento, que dentro de las limitaciones mencionadas tiene alguna información documentada en estatutos de las pocas entidades encontradas por la autora, me refiero al estudio denominado LAS SOCIEDADES DE AYUDA MUTUA EN COLOMBIA  en esta parte de la obra recogemos algunos acápites de dicha obra con los respectivos comentarios y opiniones personales como corresponde al ensayo.

El estudio aborda desde este momento periodos diversos que van desde el año 1873 hasta nuestros días.


Próxima entrega “Período comprendido entre los años de 1873 – 1930”

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13 de marzo de 2015

LLEGAN LAS IDEAS LIBERTARIAS A COLOMBIA (A mediados el siglo XIX)

MEMORIAS DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Cuarta etapa. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


En la historia de América Latina, incluida Colombia, cuando se indaga por el origen de las organizaciones de los trabajadores y sus luchas, siempre tropezará  con las ideas libertarias venidas de Europa. Socialistas utópicos y anarquistas aparecen indistintamente como precursores ideológicos de los partidos comunistas, socialistas y liberales, amén de las organizaciones populares mutualistas y cooperativas.

Si de fechas se trata, hay que ubicar los mediados del siglo XIX, como ya hemos citado, con su incidencia en las luchas de los artesanos vs. los librecambistas. También se notaba una iridiscencia  matizada por la influencia en los círculos intelectuales, asiduos lectores de las obras de Fourier y Saint-Simon y para el interés de esta obra las ideas de  P. J. Proudhon, por ser considerado el “padre del mutualismo”, estamos hablando de un periodo acaecido entre los años 1847 a 1854.

Una digresión, para conocer como el maestro de Simón Bolívar, Simón Rodríguez fue un entusiasta seguidos de las ideas de Fourier, lo que nos indicaría como en Bolívar se encontraba una simiente socialista, sembrada por Rodríguez y vista como las ideas visionarias que le permitieron anticiparse a muchos de sus contemporáneos en la interpretación del mundo, lo que equivalió a la más dura incomprensión por parte de quienes contemporizaron con ellos y no tuvieron la perspicacia de ver el futuro, desde los inicios del Siglo.

Retornando a Proudhon, sus ideas tienen una importante difusión en Colombia, que permean de manera sutil a las ya estudiadas Sociedades Democráticas en ideología liberal, quienes apropiaron de alguna manera el aforismo de Proudhon. “La propiedad es un robo”. Se podría aseverar que el pensar de este proto-libertario pudo incidir en algo en el marco ideológico de estas sociedades que rechazaban abiertamente la representatividad política, entendida esta como la posibilidad de aplicar la democracia directa y autogobernarse de manera emancipada.

Un tópico de gran relevancia para entender por qué el mutualismo de Colombia no tiene la importancia ni el desarrollo observado en países como Argentina y en parte Uruguay se debió de manera irrefutable a la poca o casi nula inmigración europea a Colombia, lo cual redundó de manera directa en el retraso, en la propagación y puesta en práctica,  de las ideas libertarias dentro del mutualismo como los refuerzos democráticos que apuntalaron a los iniciadores mutualistas de la  hermana Argentina

Ahora, tengamos en cuenta que en Colombia, la clerecía de la época avasalló las ideas libertarias más que cualquier otro país de América Latina por su esencia particularmente retrograda y por obas razones enemiga de sus propios intereses, ya vistos, tanto en la cofradías como en su incidencia para la destrucción de la sociedades democráticas.

Ara entender hasta donde llegaba el enfrentamiento ideológico –clerecía vs libertarias-  veamos esta cita hallada en el Blog Portaloaca[1]: “… el 15 y 16 de enero de 1893 se produjo en Bogotá un levantamiento popular, que conmovió las estructuras del poder estatal y puso a la ciudad en manos del pueblo trabajador, al menos durante dos días. El motivo inmediato de la insurrección (sangrientamente reprimida por el gobierno, que causó más de setenta muertos) fue la indignación provocada en los artesanos por un artículo del periódico católico y oficialista Colombia Cristiana, en el cual se denigraba a las asociaciones de artesanos, pero en realidad se trataba de una protesta indignada contra el aumento de los productos de primera necesidad contra las políticas librecambistas del gobierno y contra la inflación originada en la emisión sin control de moneda por parte del Estado. El representante diplomático de Francia en Colombia informó que la insurrección popular comportaba un “movimiento anarquista”, organizado por la Sociedad de Artesanos que “profesan fuertemente las doctrinas más subversivas y revolucionarias” y propician “la propaganda por la acción” [19]. 

Podemos resumir, tratando de mostrar por qué desde sus orígenes el mutualismo tubo diferencias tan grandes para que hoy en día no exista en Colombia tal doctrina, en tanto en Argentina y Europa sus desarrollos son verdaderamente importantes.

Si bien es cierto que las ideas libertarias de Europa llegaron a Colombia a mediados del Siglo XIX -estas han desaparecido totalmente hoy- siendo las más extendidas en un primer momento las del mutualismo de Proudhon, a partir de ellas los artesanos y otros trabajadores se organizaron en las llamadas sociedades democráticas cuyo germen daría pie a lo que posteriormente se denominarán asociaciones mutuarias.

Las ideas de Proudhon al decir de Silvio Gesell[2] clasifican al mutualismo de la siguiente manera: "En el orden social es la mutualidad la fórmula de la justicia. El mutualismo está expresado en el lema: Haz por los demás lo que tú quieras que ellos hagan por ti". En el lenguaje de la economía política esto significa: Cambiar los productos por otros. Compraos mutuamente vuestros productos! Toda la ciencia social consiste en la organización de las relaciones recíprocas. "Dad al organismo social una circulación perfecta, es decir, un intercambio exacto y regular de productos por productos, y la solidaridad humana estará afianzada, el trabajo organizado."

Tal pensamiento no aceptado sino en la producción y la propiedad de la tierra, fue negado frente  al papel que jugaría el dinero en la sociedad y fue tema central del debate histórico entre los seguidores del mismo Proudhon, de Bakunin y sus ideas de anarquismo y el mismo Marx en sus planteamientos comunistas. Hoy es interesante ver en el nuevo marco de la desaparición del dinero, por lo menos en la forma como lo conocieron los ideólogos citados, que pareciera verse al mundo girar en torno a nuevas formas para revivir el trueque, por lo cual cobra inusitado valor el pensamiento de Proudhon.

De otra parte, se puede colegir en conformidad con la dicho sobre la clerecía y su influencia, que jugaron un papel preponderante a su manera y dentro de sus propios intereses, imponiendo su idea de mutualismo, En las parroquias establecieron el auxilio mutuo, donde los pobres pagaban unas cuotas para crear un fondo común, y cuando alguien fallecía, se hacía uso de este fondo. Esta idea fue aprendida por sectores pobres de la población que empezaron a crear fondos con el objeto de brindarse ayuda recíproca, haciendo énfasis en los auxilios funerarios, creándose años después entidades como la Sociedad Católica, fundada en Bogotá en 1838; la Congregación de Obreros de San José, fundada en Medellín en 1946; la Sociedad Santa Cruz fundada en Caldas (Antioquia) y el Coro Andante del Corazón de Jesús, fundado en Rionegro (Antioquia). Desarrollo que será nuestro siguiente tema a tratar.

A manera de colofón, se puede decir entonces que la falta de una doctrina verdaderamente mutualista desde su esencia. (Kropotkin y Proudhon), el trabajo de la clerecía de la época, (cumpliendo ellos sí con su doctrina)  la falta de inmigrantes europeos que afianzaran tales conceptos libertarios en Colombia, se podrían  tomar como base de la inexistencia del mutualismo real en nuestro país. Sin embrago y con mucho mayor luminiscencia, el desenlace histórico esta preñado de otros múltiples aspectos heredados unos, creados otros, pero en últimas de una responsabilidad mayúscula en la falta de LIDERAZGO, en la falta de ESTUDIOS DOCTRINARIOS  y en la falta de entender la AYUDA MUTUA como VALOR SUPREMO del mutualismo, como causa y efecto para que hoy no exista ese necesario equilibrio, ese balance fundamental con otros sectores de la economía solidaria  y con la economía capitalista.

El Siglo XX vio germinar y crecer un mutualismo en manos de una cúpula dirigencial supina en lo organizacional, indocta en los conocimientos, ignara en sus acciones y limitada en su pensamiento que ha conducido al mutualismo por el despeñadero de la historia de nuestro país para llegar al Siglo XXI con un mutualismo falto de DOCTRINA MUTUALISTA (haciendo uso de la cooperativista) carente de líderes honestos y capaces, con un carácter que les permita dejar de ser “ganadores de batallas” para ser aspirantes a ganar la guerra final.

Afortunadamente por fuera de esa “cúpula de falsos profetas” existe un sinnúmero de mutualistas aportando desde muchos rincones su granito de arena para ver si algún día son escuchados y utilizados como tabla de salvación de una doctrina inmarcesible que bien orientada, con un verdadero liderazgo, buscando un desenlace diferente para esta historia y siendo alternativa inefable de los pobres frente al omnímodo poder del capitalismo salvaje.






[1] CAPPELLETTI A. J. El anarquismo en Colombia. 29 Noviembre 2011. http://www.portaloaca.com/historia/historia-libertaria/4072-el-anarquismo-en-colombia.html

[2] GESELL Silvio, El Orden Económico Natural Documento en Internet.

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6 de marzo de 2015

EVOLUCIÓN Y DESTRUCCIÓN DE LAS SOCIEDAD DEMOCRÁTICAS EN COLOMBIA

(Antesala de las sociedades de ayuda mutua)

MEMORIAS DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Cuarta etapa. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


Retomado la historia de las Asociaciones democráticas vemos como la evolución de estas organizaciones va de la mano con la lucha política de aquellos años, los artesanos, fuente de las democráticas, se oponían a la candidatura de Mosquera y al libre cambio de Florentino González

Hacia 1848, la Sociedad Democrática de Bogotá, apoya decididamente a José Hilario López para la presidencia. Su influencia fue decisiva, introduciéndolos, así fuera de manera precaria, en el sistema de gobierno. La reacción de los conservadores no se hace esperar y crean sus propias organizaciones  como la Sociedad Católica y la Sociedad Popular, dirigidas por los sacerdotes jesuitas. El trasfondo de estas entidades nuevas no era otro que el miedo, pues consideraban peligrosa, en la conformación de las sociedades democráticas, a la irrupción del socialismo en la política de la Nueva Granada, cualquier parecido con el presente no es coincidencia, siempre se ha visto a quienes piensas o pensamos de manera diferente al sistema establecido, al statu quo como un peligro, y se persigue a sus dirigentes.

Según los textos investigados José Hilario López entendió bien la importancia de las Sociedades democráticas como instrumento eficaz de su gobierno y por eso las defendió y propició su proliferación en todo el territorio nacional. Al punto de que de 1849 a 1852 se fundaron más de cuarenta Sociedades democráticas con distinta denominación. Prácticamente no hubo ninguna ciudad o pueblo que no tuviera su propia sociedad democrática.

Corría el año de 1850 y tanto en Bogotá, como en las provincias de creaban al píe de la Democráticas, imprentas y nuevos diarios que servían para la transmisión de las ideas revolucionarias de la época poniéndose a la cabeza de las organizaciones y sirviendo de modelo la Sociedad de Artesanos de Bogotá, (que para entonces contaba con cerca de 4.000 miembros), aparecieron sucesivamente llenas de actividad y entusiasmo y con personal numeroso en Cali, Popayán, Buga, Cartago, Medellín, Rionegro, Mompós, Cartagena, Santa Marta y Pamplona, y en casi todas las poblaciones importantes de la República.

El foco revolucionario estaba prendido y en las Democráticas participaban todo tipo de hombres y mujeres, a la vez que la participación en policía era cada vez más evidente con integración de hombres de estado, ancianos, jóvenes, mujeres, artesanos, sacerdotes y militares.

Quizá, más que causa de perturbaciones del orden público, los desórdenes que se atribuyen a las sociedades democráticas son meras manifestaciones de una afección peligrosa del orden social. “El derecho de reunión es una de las condiciones de la conservación de las libertades humanas y del buen funcionamiento de las leyes, y el legislador debe mirarse mucho al decretar restricciones contra él. Odiado y temido por los gobiernos despóticos fundados en la usurpación violenta y encaminados a expropiación constante del trabajo de los hombres, el derecho de reunión funciona en paz y con utilidad general en los países bien organizados”

El resultado de la exageración del espíritu de partido y el despotismo atacaron a las sociedades democráticas y lo que ellas representaban, se le atribuye esta situación o postura ideológica en parte por herencia del pueblo español, y de otro lado al “… furor de la larga y sangrienta lucha de la independencia que presidió a la formación de estas nacionalidades, ha quedado inoculado en nuestra sangre y en nuestros huesos; enfermedad que es un deber de las generaciones venideras combatir sin descanso”

“Enfermedad” patogenia heredada por los “dirigentes” del mutualismo que continúa en nuestros días con mayor odio e irracionalidad que entonces, ya lo trataremos en lo ocurrido con el mutualismo colombiano en los años 2005 en adelante.

Algunas medidas populista de los gobiernos posteriores ilusionaron a los artesanos quienes veían a su favor la constitución de un Estado proteccionista, y  “los decretos expedidos sobre préstamos forzosos o "derrames" para mantener el orden público y las obras sociales, fueron "la manzana de discordia" con los comerciantes importadores. Tal fue la reacción de los comerciantes al ver su negocio herido, que muchos de ellos se asilaron en la embajada americana para poner a buen recaudo sus capitales y así evitar el pago de los "derrames" (impuestos).

Sin embargo, ayer como hoy, se traiciona siempre a quienes han puesto todo en la lucha y el conflicto con los comerciantes, con el Liberalismo dejó los primeros tendidos en el campo, las Democráticas fueron sacrificadas poco a poco. Las relaciones de las Democráticas con el naciente partido Liberal (una mezcla de intereses de comerciantes, intelectuales, pequeña burguesía y burocracia, antibolivarianos de la vieja guardia de la Independencia y hasta terratenientes) y con los comerciantes sufrió grandes  transformaciones en los años de 1854 a 1870.

“Derrotada la revolución de 1854 era de presumir que las protestas y finalmente la insurrección contra el libre cambio terminaran. Sin embargo veinticuatro años después se presentan nuevos brotes en la ciudad de Bucaramanga, conocidos como "los acontecimientos del 7 y 8 de septiembre de 1879". Esta vez, los hechos fueron propiciados por miembros pertenecientes a la Sociedad Democrática "Culebra Pico de Oro" contra los socios del club de Soto o club de comercio de esa ciudad, en su mayoría comerciantes nacionales y extranjeros, principalmente alemanes”. No es del caso ahondar en lo ocurrido bástenos destacar que la lucha entre artesanos y comerciantes se vería ahondada cada día más.

Tanto en la provincia como en Bogotá, “la importación de artículos extranjeros, profundizó aún más la diferencia entre la situación económica y social de los comerciantes y los artesanos de esa ciudad. El libre cambio sólo mejoró la de unos pocos, mientras el resto de la población siguió en su misma condición de pobreza. La libertad económica con que nuestros románticos liberales del siglo XIX pretendieron solucionar nuestra penosa situación económica, no fue más que una "quimera". Los gólgotas y los que los siguieron, pensaron equivocadamente que con este sistema podían armonizar los intereses individuales con los de la sociedad entera, cuando la realidad demostraba exactamente lo contrario. Las actividades más provechosas para el individuo, eran y son las que menos contribuyen al desarrollo de la economía”

Se dice que los hechos acaecidos en Bucaramanga fueron las últimas manifestaciones de las sociedades democráticas de artesanos contra el libre cambio, ya que la Constitución de 1886 se encargó de enterrarlas definitivamente al ordenar (art.47) que "quedaban prohibidas las Juntas Políticas populares de carácter permanente" en clara alusión a las "Democráticas", únicas agrupaciones que tenían esas características.

Otros documentos indican que probablemente las Sociedades Democráticas fueron utilizadas por fuerzas políticas y económicas, como los comerciantes y aun los miembros del gobierno de entonces, o por lo menos, que, en sus comienzos, había entre unas y otras relaciones muy estrechas, las apoyaron mientras les servían y las exterminaron cuando ya no les interesaban.


Nada distinto ocurre hoy con la Economía Solidaria que es utilizada por los gobiernos de turno y los dirigentes mutualistas y cooperativistas, quienes se prestan a todo tipo de componendas y acomodamientos en contra de los intereses reales de un sector tan importante como es el de la Economía Solidaria.

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27 de febrero de 2015

IMPORTANCIA DE LAS SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS EN EL ORIGEN DEL MUTUALISMO EN COLOMBIA (primera parte)

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MEMORIAS DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Cuarta etapa. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita

Ya vimos en la entrega pasada como las Cofradías fueron germen de la mutualidad, del desarrollo de la ayuda mutua desde la perspectiva de su objeto, pero con un carácter eminentemente religioso con imposiciones del clero sobre tales organizaciones.

Ahora vemos como el entorno económico y político influye y el pensamiento de los librepensadores de Europa, socialistas utópicos y anarquistas,  impregna al ser humano de la Nueva Granada, en su búsqueda por crear formas de ayuda mutua para solucionar problemas de las comunidades y en las comunidades.

Para entender el rol que jugaron las Sociedades Democráticas en Colombia es necesario ver el entorno político, social y económico de la época en la cual fueron creadas y la trasformación que vivieron esas sociedades desde lo apolítico a lo político deliberante. Cual fue la esencia de etas organizaciones, su evolución y muerte como germen del actual mutualismo colombiano.

Algo importante y que permite, en parte, entender el actual estado del mutualismo colombiano es el odio de sus dirigentes desde sus inicios hasta nuestros días, en aquella época con argumentos y luchas abiertas de fundamento económico y político;  hoy sin argumentos y en una pelea soterrada e hipócrita, politiquera y mezquina, que no permite el desarrollo de lo que Gonzalo Pérez llama la inamovilidad del mutualismo.

Por aquellas calendas acaeció la llamada “Primavera de los Pueblos” de 1848, una de las formas en que la historiografía señala la oleada revolucionaria que acabo con la Europa del absolutismo. Estas revoluciones de corte liberal manifestaron unos sesgos ideológicos de corte nacionalista y marcan la influencia del incipiente movimiento obrero europeo

Si inicio es en Francia y corre por toda Europa llegando a España e influyendo desde allí nuestra américa y especialmente a Colombia como veremos más adelante, si bien su “éxito” fue efímero y se impuso un gobierno de corte conservador, la trascendencia histórica de aquellos épicos momentos fue decisiva al sembrar de manera frontal la imposibilidad de mantener sin cambios el statu quo, como habían pretendido los contrarrevolucionarios de la Restauración.

La Nueva Granada de 1848  se caracterizaba por un modelo económico de la época, era el librecambio la práctica económica que permitía la comercialización de productos entre los países, sin que obrara entre ellos la acción de regulaciones externas como el cobro de impuestos o tarifas aduaneras.

De otro lado la influencia de los artesanos en posición a este modelo que los arruinaba, comenzaron a organizarse en las diferentes ciudades alrededor de las Sociedades Democráticas, las cuales se constituyeron en grupos gremiales con intereses políticos.

En este marco nace la primera Sociedad Democrática de la  Nueva Granada con un objeto social claramente definido por el Historiador Camacho Roldan, miembro activo de una de estas organizaciones, en su obra “MIS MEMORIAS”. Camacho Roldán, Salvador, 1827-1900.

“En un principio tenía por objeto prestarse auxilio recíproco en casos de enfermedad o de muerte, establecer escuelas nocturnas en que se enseñase a leer y escribir y dibujo lineal”. 

“Desde 1846 se había formado en Bogotá una asociación de la clase de los artesanos sin carácter alguno político en un principio, pero poco a poco fue adquiriéndolo y en 1849 ya llegó a ser una fuerza respetable en el movimiento de los partidos”.

Allí está el origen de las mutuales, que, como vimos en capítulo anterior de esta obra,  nacen en la esencia de la Cofradías, aquí ya adquieren sentido mutual y de paso sientan la base de lo que marca una época bastante larga de las mutuales colombianas “brindarse auxilio recíproco en casos de enfermedad o de muerte…” que tiempo después las marcaría como “sociedades enterradoras”

La primera organización según Camacho Roldan fue la Sociedad de Artesanos de Bogotá, entidad con sesgo de clase, pues fueron los artesanos y veámoslo en las propias palabras del historiador: 

“El presidente de la Sociedad en 1848 era un. zapatero, padre de familia, modesto, honrado, trabajador: llamábase Francisco Vásquez Guevara, y los socios más notables, que podían ejercer y ejercían influencia sobre sus compañeros, eran los señores Ambrosio López Londoño (sastre, que fue también presidente de la Sociedad en 1849), Rudesindo Zuñer (sastre), Emeterio Heredia (herrero) y otros dos o tres cuyos nombres no recuerdo. Más tarde se hicieron notables los señores Miguel León (herrero), orador fogoso, que en 1853 y 1854 mostró ideas poco pacíficas, sobre todo de antipatía por la clase llamada de los cachacos; José María Vega y N. Saavedra (zapateros)”.

Asimismo se nota un tufillo de “oportunismo” de algunos de los integrantes de esta primera Sociedad Democrática al referir el historiador Camacho Roldan:

“Atraídos por el objeto simpático (subrayado fuera de texto) de la institución, nos incorporamos en ella varios jóvenes recién salidos de los colegios, que después debíamos figurar en las luchas políticas”.

Y  qué decir de la marcada diferencia ideológica, nace, en competencia con la Sociedad de Artesanos, la Sociedad Popular, en 1849 de una reunión que, con pretextos religiosos, había formado la Compañía de Jesús. 

Desde sus inicios esta Sociedad mostró pasiones fuertes de antipatía al gobierno y a los liberales, de esta manera se vive un enfrentamiento una enemistad, estas dos sociedades dispuestas a irse a las manos en el primer momento. Los señores Simón J. Cárdenas, Juan Malo, Juan Esteban Zamarra y otros, eran los inspiradores principales de la asociación conservadora.

Vale una digresión, en esa época alguien de apellido MALO hoy alguien de apellido ROBAYO causan la discordia, la enemistad y el odio entre los dirigentes.

Había, dice Camacho Roldan: “Dos clubes antagonistas, dos hornos en donde se levantaban hasta el rojo-blanco las pasiones del odio y del combate, que pronto habían de encontrarse en el campo de batalla”.

Diferencias ideológicas, es claro que el origen de Los odios fue ideológico y fue según nuestro historiador referido un delegado apostólico. Monseñor Baluffi, quien inspiró en Bogotá, en 1839, la creación de la primera Sociedad Católica, esencialmente consagrada a los intereses políticos conservadores, casi como Sociedad democrática quiere decir asociación destinada a exaltar el espíritu de resistencia a la autoridad y de protesta contra las desigualdades naturales o artificiales entre los hombres.

Diferencias de la humanidad, de su propia naturaleza y como dice Camacho Roldan “Según mi impresión personal no son dañinas todas las consecuencias de estas sociedades políticas; el peligro en ellas consiste en la ignorancia de los que las componen, que por esta causa pueden ser fácilmente extraviados a sentimientos coléricos y antisociales, pues es sabido que la cólera y la desconfianza o la suspicacia son las tendencias generales de los espíritus incultos, así como el dominio sobre las pasiones la primera muestra de lo que se llama civilización”. 

Permítanme un alto en el camino para realizar un paralelo ineludible con nuestros años modernos: este retrato de envidias y egoísmos -en blanco y negro- del año 1848 se revela en 1980 con los llamados congresos mutualistas, desaparece por una larga temporada y renace con más fuerza en 2005 y cobra vigencia en 2013 ampliado y a todo color, más claro no se puede dibujar. Las diferencias ideológicas llevadas al terreno de la disputa partidista no es mala en sí, lo malo es como acaece hoy, que esa ignorancia supina y malhadada lleva a la trapisonda y a la estocada por la espalda, ese es el orden del día, mientras el sector mutualista integrado en su organización gremial COLOMBIAMUTUAL, una entidad que recoge los principios y los valores de los padres del mutualismo, de las ideas libertarias, parafraseando a Camacho Roldán “dedicada a exaltar el espíritu de resistencia a la autoridad y de protesta contra las desigualdades naturales o artificiales entre los hombres”; otros “dirigentes mutualistas” envenenan a funcionarios del estado y a otros gremios a nivel nacional e internacional; en contra de ese modelo, a quienes lo dirigimos, acusándolo y acusándonos, como es corriente descalificar en Colombia, tildar de “comunistas” (como si no supieran que en nuestro país eso equivale a sentencia a muerte) de personas que pretenden subvertir el orden establecido y claro que ese es el propósito, cambiar el statu quo, la inamovilidad, la incompetencia y el deseo por reinventar el mutualismo, entendida esta política como la retoma de los valores, de los principios, de la verdadera ideología del mutualismo. No se han detenido a pensar estos enemigos encubiertos del mutualismo que ser comunista no es un delito: es un orgullo.

20 de febrero de 2015

LAS COFRADÍAS, SIMIENTE DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA

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MEMORIAS DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Cuarta etapa. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
1. LAS COFRADÍAS, SIMIENTE DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


EL MUTUALISMO COLOMBIANO.

“... pesa mucho la cultura de la insolidaridad, que propugna por el individualismo en la solución de los problemas; ha pesado mucho, la falta de un sistema educativo que forme, capacite e informe del proyecto histórico del mutualismo”. Pérez Valencia, Gonzalo. Mutualismo y Economía Social. Corporación Educativa Mutualista. Medellín, Colombia. 1991.

Estas palabras de Pérez Valencia cobran importancia sustantiva en el desarrollo de esta etapa, para entender por qué el mutualismo colombiano no ha contado con un desarrollado similar al de otros países de Latinoamérica “la insolidaridad” esencia del mutualismo colombiano, amén de no tener una dirigencia capaz de comprender el significado de la ayuda mutua como valor fundamental y los principios del anarquismo económico como el derrotero esencial de su acción.

De otro lado el no contar con un liderazgo real, apasionado, comprometido y solidario hacen que hoy en 2015 se pueda asegurar que el mutualismo colombiano no existe, solamente vestigios quedan gracias a unos cuatro quijotes que desde lo aislado de su entorno propugnan por mantener viva la idea mutualista, la esperanza de los pobres.

Dos ejes fundamentales se desarrollarán para sustentar lo anteriormente expuesto. De un lado la génesis, el origen, la simiente en organizaciones como las cofradías en los Siglos XVII a inicios del XIX y las Sociedad Democráticas a mediados del Siglo XIX y la llegada de las ideas libertarias de Proudhon y de los socialistas utópicos frente a las ideas concesionarias de los frailes que llegan con la Colonia.

De otro lado es necesario cuestionar la descontextualización hecha desde los pioneros hasta nuestros días, no sólo de la esencia de la doctrina mutualista, en su valor teórico-económico sino también de la falta de visión solidaria-empresarial.

1. LAS COFRADÍAS, SIMIENTE DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA

Si el pasado es un prólogo como dice Shakespeare, es necesario ver algunas de esas organizaciones que precedieron a las mutuales actuales, desde la perspectiva de sus objetivos y funciones de ayuda mutua, de su mutualidad y de sus elementos doctrinales.

En principio entendamos que La Colonia es la extensión imperial, social, política, religiosa y cultural que se estableció en América durante los siglos XVII e inicios del siglo XIX. Es decir, entre 1550 y 1810 y que se han denominado “época colonial” debido a la presencia y al dominio político por parte de los españoles en lo que actualmente comprende el territorio de Colombia.

En tales épocas y según el derecho canónico vigente, una cofradía era “Una reunión de determinado número de fieles para dedicarse en común al ejercicio de obras piadosas y de caridad... Las cofradías no pueden establecerse sin la competente autorización de los prelados en las diócesis en que están enclavadas.” 
Decretos emanados del  Concilio de Trento (Reunido entre los  años 1545 y el 1563) -que fue realizado en un marco de divisiones. Siendo Paulo III, el Papa que había vivido las luchas en Italia, quien asumió el compromiso de unificar a los católicos, logrando la reunión de un Concilio, después de que varios Papas lo hubieran intentado sin éxito. (Al principio fue admirador del humanista cristiano Erasmo de Rotterdam, y vio factible una posible reconciliación con los protestantes, pero luego acabó desechando esa posibilidad)- ordenaron que la elección de los dirigentes de la cofradía y la administración de sus finanzas debieran ser supervisadas por el párroco. 

“El establecimiento de las cofradías es un acto de jurisdicción episcopal, enteramente reservado al obispo, como el encargado del cuidado de las almas”. Por eso, los bienes de las cofradías aprobadas por el obispo se colocaban en la clase de bienes eclesiásticos y como tales inalienables sin las formalidades presuntas.   

Lo anterior muestra de manera taxativa la influencia de la religión católica en estas organizaciones a nivel mundial, específicamente en el caso de Colombia los requisitos exigidos en los pueblos de indios para entrar a una cofradía eran así mismo diferentes, entre ellos se tienen:

- Ser devotos del patrono de la cofradía.
- Corregirse en la mala vida.
- Dejar los vicios de borracheras y las supersticiones de hayo y tabaco.
- Celebrar con solemnidad las fiestas del santo patrono.
- Hacer procesiones alrededor de la plaza.
- Visitar a los enfermos.
- Recoger limosnas.
- Asistir a misa domingos y días de fiesta y rezar el rosario todos los días.
- Encargarse del entierro de los hermanos cofrades, y
- Pagar las cuotas fijas asignadas. (Casilimas y López, 1982: 181).

Cada miembro de la cofradía recibía una patente, un impreso que haría constar su pertenencia a la cofradía y las obligaciones y derechos que contraía: generalmente una misa y sepultura gratis a su muerte y la concesión de  indulgencias. Es interesante ver como desde sus orígenes este tipo de entidades tenía como objetivo la preocupación por sepultar a sus muertos.

El procedimiento para la creación de cofradías era el siguiente: indígenas, mestizos,  blancos o el cura doctrinero tenían la iniciativa de crear la cofradía (siempre requería la aprobación del cura para su creación) con una devoción especial a santos o vírgenes, se hacía una donación de dinero o animales para vender y pagar las misas en honor al santo patrono de la organización.

Las mutuales del Siglo XX y principios del XXI, continúan con algunas prácticas similares en cuanto a poder recibir las contribuciones no devolutivas, (costumbre hecha ley) en especie y el de tener en su gran mayoría nombres de santos y dedicarse casi con exclusividad al entierro de sus asociados y de orientar un servicio exequial prioritario en sus estatutos. 

Retomando, siempre era el cura quien daba su permiso para la creación de una cofradía; por lo general no lo negaba, por cuanto la devoción le representaba ingresos por el pago de misas y la fiesta anual que comprendía vísperas, procesión, sermón, misa y responso cantado. Así se ve siempre que a más de la forma religiosa había una situación vinculante de carácter económico, pero a favor del cura párroco y no de sus asociados.

De otro lado se ayuda a la congregación de las gentes para su evangelización o por lo menos para su ritualización. Se procedía, entonces, a nombrar un “mayordomo”, que podía ser el mismo donante y un “concertado”, para el cuidado y pastoreo de las ovejas. Esto era suficiente para constituirse en “devoción”. Si con el paso del tiempo, la “devoción” se transformaba en “adelantamiento”, pasaba a ser “hermandad”. Estas “categorías” se medían por el aumento de devotos; la obtención de la imagen, si era de bulto y grande, otorgaba más prestancia; cantidad de animales (ovejas, vacas, yeguas, etc.) y de ornamentos, especialmente alhajas que tuviese el santo; número de misas que se dijesen en su honor y vistosidad en la fiesta de aniversario.

Ahora bien, en el mundo existieron diversas formas de cofradía de acuerdo con su objetivo principal a más de lo anteriormente descrito como eje central, al decir de Pere Saborit Bandenes en su obra “Estudio de las cofradías del Alto Palancia”

GREMIALES que agrupaba a los integrantes de un gremio especifico y desarrollaban funciones de beneficio y asistencialismo entre integrantes de un mismo oficio. El santo es el patrón del gremio.

SACRAMENTALES. Cofradías de ayuda muta en la vida cristiana, muy promocionadas después del concilio de Trento.

CARITATIVAS. Los historiógrafos franceses las llaman charités. Su objetivo central es el auxilio mutuo entre cofrades y la dedicación a la caridad cristiana como la ayuda a los pobres vergonzantes, casar doncellas, auxilio en enfermedad sufragios y entierros, algunas regentaban hospitales.

Es definitivamente claro el origen de la mutualidad en organizaciones de la comunidad dedicadas a la caridad como norma y al entierro de sus semejantes como objetivo central, no en vano la primera mutual creada ya bajo los parámetros de la sociedad moderna con personería jurídica tomo el nombre de CARIDAD y no debe ser extraño entonces a ese arraigado sentido de caridad que por siglos han tenido las organizaciones mutuales en Colombia. Calificativos como caridad, ayuda mutua, beneficio, asistencialismo y otros no son ajenos desde su origen a las mutuales del mundo actual.

Obvio entenderlo en las épocas de colonia y siguientes pero absurdo desde la perspectiva del mundo de hoy en el cual es de una necesidad incuestionable la supervivencia. Hoy se debe tener criterio empresarial y que la caridad bien pueda ser un primer momento de la solidaridad, de la ayuda mutua, pero solo eso, un primer instante en el cual se da la mano, la ayuda para iniciar un proceso, ya de capacitación, ya de emprendimiento y luego debe llegar carácter perentorio el desarrollo de organizaciones autosostenibles y autogestionadas.

No puede desconocer la historia el origen de esta entidades como el incio de las formas organizacionales con las cuales  se da un primer paso a lo que hoyr cnocemos como Asociacines Mutualistas.

Un gran número de cofradías se crearon en la Nueva Granada, como una táctica de los misoneros para el adoctrinamiento cristiano. Es por el año 1510 a 1520 que se crea la primera cogradía en tienrra firme, en la primera ciudad Santa María la Antigua del Darien,en lo que hoy en día es el golfo del Darien en el Departamento del Chocó. Según lo rrelata la obra editada por Humberto triana en Bogotá 1987[1]
                                                                                                                 
Años más tarde, hacia 1530. Se funda en Santafe de Bogotá La segunda, la cofradía de la Vera-Cruz  que funcinaba en lo que hoy es el Parque Santander en Bogotá. Vale la pena comentar algo poco conocido, el primer nombre de la ciudad e Bogotá, fue Nuestra Señora de la Esperanza, como originalmente la llamó Jiménez de Quesada, quien, -a pesar de ser letrado a diferencia de los demás conquistadores-, desconocía los procedimientos para la fundación de ciudades, por lo que en abril de 1539, se legalizó la fundación, con la ayuda de Federmán y Belalcazar, y se renombró al territorio como Santafé.

Durante la colonia sus habitantes la hicieron distinguir de las demás ciudades de igual nombre, llamándola Santafé de Bogotá, nombre que viene del chibcha Bacatá, que traduce fin de los campos, territorio muisca en el que gobernaba el Zipa. En esta delimitación estaba incluido nuestro actual territorio, en el que, en tiempos indígenas, habitaba un caserío conocido como Teusaquillo, donde se dice que se encuentra hoy la Plaza de Bolívar.

En los años siguientes[2] se crearon 9 cofradías en Vélez, Santander, entre otras Nuestra Señora de Monguí, (años más tarde una mutual de Bogotá tomaría ese nombre) Las Almas del Purgatorio y otras más de igual condición, tornando a Santafé de Bogotá se crean y se registran oficialmente otras nueva cofradías, destacando entre ellas la Vera-Cruz, nuestra Señora del Rosario, Santísimo Sacramento, Milicia Angélica, escuela de Cristo y otras más.

Resumiendo, de acuerdo con la obra de Oriester Abarca Hernández y Jorge Bartels Villanueva[3] Las cofradías cumplieron en la Colonia y hasta la primera mitad del siglo XIX un papel no sólo religioso sino también económico al poseer tierras y actuar como entidades financieras. Las personas ligadas a las operaciones económicas de las cofradías eran los miembros de la élite local, quienes formaban una red social.

Junto al capital manejado por la Iglesia y sus instituciones (cofradías, y diversos tipos de fundaciones como las capellanías y los mayorazgos) a lo largo de la Colonia se produjeron alianzas (sociedades) entre particulares, españoles peninsulares y criollos, para llevar a cabo inversiones y emprendimientos, como la exploración en busca de minas de oro y más tardíamente para operaciones de comercio exterior.

El siglo XIX presenció el auge del pensamiento liberal y se produjo una desintegración paulatina de los bienes inmovilizados por la Iglesia y sus instituciones, lo que repercutió en la importancia de estas como agentes económicos. Ello también tuvo consecuencias en la propiedad de la tierra y en la legislación civil y comercial, que siguió al movimiento codificador iniciado en 1841 y se consagró en 1888, cuando entró a regir el Código Civil.





[1] Las lenguas indígenas en la Historia del Nuevo Reino de Granada. 1987 Bogotá.
[2] Los Domínicos y el Nuevo Mundo. Siglos XVIII y XIX. Actas del Congreso. Editorial San Esteban 1995. Editado por José Barrado Barquilla.
[3] El papel Económico de las cofradías En El crepúsculo de la colonia y El ascenso de las sociedades mercantiles. análisis de protocolos coloniales de san José (1837-1842)

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